domingo, 25 de noviembre de 2018

CREMA PARA LAS MANOS CASTIGADAS

Estamos acostumbrados en verano a cuidar mucho la hidratación de nuestro cuerpo.  Beber mucha agua y líquidos en general, para compensar la pérdida de éstos en la sudoración, es un hábito muy extendido. En el Sur, casi todos llevamos incluso botellines de agua en el bolso. Además nos alimentamos de hortalizas crudas y frutas muy ricas en agua, entre otras cosas.

También nos cuidamos mucho de las sorpresas que nos da el sol, que a veces nos quema sin que nos demos ni cuenta, solo dando un paseo, o sentándonos en una terraza. De la playa ya ni hablamos. Como consecuencia de todo ello, tenemos la piel más o menos hidratada, tanto por la prevención como por los cuidados postsolares.


Y después llega el invierno: Ya no se nos quema la piel, pero dejamos de sudar, comemos guisos, bebemos menos y la piel se reseca y se cuartea. Personalmente, la mantengo con cremas de hidratación y nutrición, y me va bien.

Las manos son otra cosa. Las mías pasan frío, tocan comida, entran en cámaras frigoríficas y congeladoras y se van, inmediatamente después, a los fogones, al agua, a los cuchillos... Amasan, cortan, friegan y limpian. Se ensucian y se lavan mil veces al día con jabones que las resecan, y las tengo llenas de pupas, cortes, roturas en las uñas. Cutículas durísimas... y las yemas de los dedos son como un velcro que todo lo engancha.


Me duelen los dedos, porque con ellos hago trabajos de mucho peso y/o mucha precisión. En frío y/o caliente; y porque mecanografío profesionalmente desde que tenía como trece años (ya ha llovido...). Ay, aquellas Olivetti enormes en las que cada tecla era una palanca (literalmente) han dejado alguna secuela.

¿Guantes? claro que uso guantes. Llevo un puñado en el bolsillo, y me los pongo y me los quito cada vez que es necesario.  

Y ahora viene lo de las cremas de manos: Si me pongo esa noruega que todos sabemos que es "la mejor", lo pringo todo, no se me absorbe y solo protege, pero no repara nada de nada. Si me pongo gel de aloe, se me curan las quemaduras, y es impresionante como acelera la cicatrización de los cortes y las pequeñas heridas y grietas, pero reseca la piel y se me cuartea. Si utilizo otras más fluidas y funcionales, estoy todo el día poniéndome cremas que se me van enseguida, porque solo "remojan" un poco la piel, y no sirven para nada. Sobre todo, lo más dañino, es el frío y la humedad.

He tenido que idear un producto que hidrate, nutra y cicatrice, a la vez que me alivie el dolor y ayude a que no se infecten las heridas. Que penetre bien en la piel y la ayude desde dentro, de modo que sea suficiente con tres aplicaciones diarias para recuperar mis manos, y con una sola vez si mis manos no sufrieran tanto daño. 


Así que me metí a la faena y cogí:

  • 5 cucharadas soperas de gel de aloe, extraído a partir de una penca de la propia planta. Si tienes una, seguro que sabes como hacerlo.
  • 3 cucharadas soperas de aceite de coco virgen extra. No confundir con el de cultivo ecológico. 
  • 1 cucharadita  de cera de abeja pura.
  • 5 gotas de aceite esencial de lavanda.
  • 5 gotas de aceite esencial de romero.


Puse el gel de aloe, el aceite de coco y la cera de abeja en un cuenco de cristal (he preferido evitar los metales) y e hice un baño maría, controlando bien la temperatura (en este caso el metal era inevitable), para que la mezcla no se calentase más de lo que es absolutamente necesario para fundir la cera y mezclarse bien con los otros dos ingredientes. Esto lo hice con un tenedor de madera.

Una vez homogeneizada la mezcla, añadí los aceites esenciales, terminé de mezclar y envasé en tarro de cristal. 



Le puse papel film transparente por encima y le dí una noche de reposo a la luz de la luna llena. Por la mañana, le apliqué Reiki durante 20 minutos.

Los ingredientes mezclados sin más, al calor, te hacen un potingue bastante eficaz. Las energías de la luna llena y de Reiki, el ritual, y los materiales de los utensilios también son importantes para no restar energía. Estas cosas son las que lo convierten en una poción mágica. Cada cual elija su opción.

Cada uno de los ingredientes tiene sus propiedades curativas. Los únicos que interactúan son los aceites esenciales. De manera que si eres vegano, puedes prescindir de la cera de abeja, bien sustituyéndola por una pequeñísima porción de algún gelificante vegano, o simplemente omitir el ingrediente.

La propiedad de la cera de abeja es la de no penetrar totalmente en la piel, quedando así en la primera capa, y dando protección. Es el único ingrediente no curativo del preparado.

Lo llevo utilizando desde ayer. Tres veces al día. Cuando recupere la normalidad y solo me lo ponga una vez, lo haré por la noche. Nunca había tenido los nudillos con la misma textura del resto de la piel de las manos. 

Hoy he empezado a tratarme los codos y ya lo he notado. En solo dos aplicaciones. Y voy a pensar en una fórmula en la misma línea para los pies. Que tienen otras necesidades; la más importante es la de no matarte de un resbalón por culpa de la crema.

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