lunes, 13 de enero de 2014

Empresarios vs trabajadores.

No suele ser lo general, sobre todo en los tiempos que corren, que la historia laboral de cada cual se forje a voluntad propia. Normalmente la vida te va indicando el camino, en éste y todos los demás aspectos. Muy frecuentemente, en dicho camino, vamos encontrando bifurcaciones ante las que tenemos que elegir una dirección para poder seguir caminando. Durante mi vida laboral he sido Trabajadora por cuenta ajena, Empresaria, Ama de Casa, Desempleada, Funcionaria, Contratada laboral en la Admón. Pública e incluso Empleada del Hogar. Independientemente del oficio y la categoría profesional en cada situación, a la fuerza he tenido que aprender alguna cosa respecto de cada una de las situaciones.

La reflexión que me ocupa no es si elegimos bien o no en cada momento, o si debimos elegir otra cosa, o si la elección hecha ha sido más o menos voluntaria o forzosa. Lo que me ocupa es que, en cada faceta de la vida, nos encontramos en una situación profesional que debemos afrontar consecuentemente.

Observo, cada vez que busco empleo por cuenta ajena, que el trabajador ha pasado de ser respetado y considerado (a veces más allá de lo que era razonable), a ser quien tiene que pagar los platos rotos de una clase empresaria que, si bien es víctima de una situación social y económica rayana ya en lo absurdo (no se me verá usar el término crisis, pues nunca he creído en ella), también es el palo que debe aguantar su propia vela. Y no jugar a confundir el lugar de cada cual y crear confusión a quienes, de por sí, ya tienen también la vida bastante liada.

He visto ofertas que sugieren mano de obra a cambio de alojamiento y manutención (del trabajador, ni siquiera de la familia del mismo). Y eso no tiene otro nombre que esclavitud. Cada cual es libre de aceptar incluso la esclavitud, pero hay una responsabilidad para con quienes no estamos dispuestos a aceptarlo.

Pienso que la propia clase trabajadora ha ido degenerando a golpe de pisarse unos a otros, aceptando salarios bajos y cada vez más bajos, hasta llegar a ésta situación en la que los empresarios solo están tomando lo que se les da regalado; que, dicho sea de paso, es consecuencia del egoísmo humano.

Ayer, sin ir más lejos, en un importante portal de empleo, ví un anuncio en el que la empresa ponía como condición excluyente, que el candidato seleccionado debería estar dispuesto a empezar a cobrar a los cuatro meses de su contratación. El motivo no es otro que es el tiempo que la empresa tarda en cobrar de la Administración.

Es gracioso como, una vez más, el empresario intenta cargar sobre el trabajador su problema de demora en el cobro. Como si fuera el trabajador quien tiene que asumir un problema que no es del empresario. Esa condición, legalmente, solo es aceptable en el caso de que el empresario incluya en los recibos de salario la fecha efectiva del pago al trabajador y los intereses de demora  que indica la Ley, que sí, que los hay. Porque no olvidemos que los derechos del trabajador son IRRENUNCIABLES por parte de éste.

Por otra parte, el empresario debería haber tenido en cuenta (es vox populi las consabidas demoras en el pago por parte de todas las Admones. Públicas a sus contratistas) en la oferta hecha que iba a tener que negociar con un banco, seguramente mediante línea de descuento, el (no) cobro de la factura en los plazos previstos. Así que:

a) Si eres un empresario que concursa y no tienes ese aspecto en cuenta, te has equivocado y has perdido el dinero. No vale decirle a un trabajador "oye, yo soy un currante como tú, así que tú pagas mi error". Tu personal es el primero que debe cobrar.

b) Si el banco te concede una línea de descuento, es que a lo mejor no estás preparado financieramente para ser empresario. Y si no es así, el problema es de fondo. Es decir, de toda esta porquería que se mueve en torno a la relación de los bancos con el Gobierno. Tampoco el trabajador es responsable de eso. Si no tenías la seguridad de poder cargar con los costes, no te hubieras metido.

En definitiva: El empresario arriesga en aras de un negocio que es de nadie más que suyo; el trabajador trabaja hasta donde su competencia le exige (ojito también con la famosa condición "con ganas de trabajar"), y por un salario cuyos mínimos están legalmente estipulados y que, por mucho que apesten las reformas laborales, lo que se ve en la calle siempre consigue quedar por debajo.

Lo que sí es responsabilidad absoluta de la clase trabajadora es no consentir que ésto suceda. No resignarse. Y responder con una negación asertiva a cada propuesta de ¿empleo? que se salga de lo que son unas condiciones medianamente dignas. Sé qué parece que no veo lo que hay en la calle. Y sí, sí que lo veo. Claro y cristalino. Y en las dos últimas semanas he dicho "NO", con todas las letras, con la excusa de "ese salario es ridículo y no me puedo permitir trabajar por eso". ¡Con un par! Y si empezáramos todos a hacer lo mismo, españoles y/o inmigrantes, mejor nos iría.






2 comentarios:

  1. Estimada colega,

    Estoy completamente de acuerdo con tu reflexión. Me gustaría añadir mi pequeña aportación.

    Creo que en nuestro sector y en nuestra ciudad, que es lo que conozco, hace años que llegó el liberalismo absoluto. Las condiciones las rige el mercado. El convenio es un marco de referencia relativo.

    Hoy día es prácticamente imposible, atención, conseguir un puesto de trabajo en nuestro sector que se regule escrupulosamente por lo que está negro sobre blanco.

    He tenido la oportunidad de coincidir en varios puestos de trabajo con representantes sindicales. El papel de éstos es lamentable.

    Los empresarios no pueden, apenas, recortar en gasto fijos como la electricidad o el agua. Existe una oferta excesiva y la competencia es muy alta. Los empresarios que tengan menos escrúpulos serán más competitivos.

    Capítulo de soluciones. No hay magia. Desde mi punto de vista sólo hay tres caminos.
    - Tratar de salir adelante como autónoma utilizando tu talento y esfuerzo.
    - Aceptar, hacerte valer, tener paciencia y mejorar a la mínima oportunidad.
    - Hacer la maleta.

    Mucha suerte y ánimo. No hay seguridad para nadie. La casta empresarial familiar andaluza acabará desapareciendo, pero no creo que lo veamos. Ver que grandísimos profesionales han iniciado su andadura y tienen el respaldo absoluto del público creo que hace que no perdamos la esperanza.

    Un saludo

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    1. Estimado Monchito (a quien, dicho sea de paso, no conozco, al menos bajo ese alias):

      Gracias por tu intervención y por el esmero en la reflexión que denota. No le veo la pequeñez a tu aportación, y no cambiaría ni una sola coma de cuanto dices.

      El libre albedrío que gobierna las condiciones laborales de nuestro sector, ya no sé si en Sevilla o en todas partes, se me hace que ha sido permitido por los trabajadores, en aquellos tiempos en que se llevaban a casa un sueldazo, aunque fruto de muchísimas horas de trabajo diario.

      Conozco bien la perspectiva empresarial. Forjé mis primeras experiencias en el marco de la Asesoría Laboral, Fiscal y Contable, cuando era aún una niña.

      De tus tres opciones, se me han caído ya las dos primeras. A la tercera me resisto; por ello inicio una cuarta: Decir "no" hasta que aguante, con la esperanza de que se me empiece a secundar el comportamiento y ésto empiece a cambiar.

      Con paciencia, insisto en que hasta donde aguante, porque yo sí creo que la magia existe... con limitaciones. :-)

      Saludos.

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