lunes, 19 de agosto de 2013

Tavira: Otra vida.

Después de pasarme todo lo que va de verano yendo y viniendo en plan dominguero a mi rincón favorito con su cachito de mar, resulta que caigo en la cuenta de que en Tavira tengo otra vida. Con toda su cotidianidad. Establecería allí mi casa en este mismo momento sin el menor problema de adaptación. 

Vela ao Vento, de Cristina Leiria (2003)

La conozco lo suficiente como para saber donde querría vivir; conozco a los pescaderos del mercado municipal; donde puedo comer, por donde pasear, donde comprarme ropa (con el trabajito que ésto me cuesta), donde pasear: Donde puedo ir andando, o en el coche, o donde necesito coger un barco o un tren. Sé donde está la estación de autobuses, la de trenes, los supermercados y lo que puedo encontrar en cada uno de ellos. Conozco el Museo Municipal, donde en éste momento hay una exposición titulada "Dieta Mediterránea, antiguo patrimonio cultural", habiendo sido participante en la I Conferencia Internacional de la Unesco para la Dieta Mediterránea, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad . Me manejo con los productos y sé a qué voy a cada tienda. Conozco, incluso, algunos de los festivos.

Tavira no es solo su zona turística en la conocida Ilha, con su camping, su magnífica playa y sus restaurantes playeros. Es un compendio de Freguesías (parroquias que hoy día son las unidades administrativas equivalentes a nuestros Distritos Municipales), salinas, pequeños comercios. Es una cámara oscura que inspiró la de la Torre de los Perdigones de Sevilla. Es una "Vela ao Vento", es Albacora, su Forte do Rato, Santa Luzía, Cabanas... Es un Pingo Doce, un Centro Comercial Gran Plaza con todos sus franquiciados y sus cines. Es un río Gilao,  con sus marismas y su ría, cruzado, entre otros, por un Puente Romano. Una Capitanía Marítima, un Ayuntamiento, un Convento das Bernardas. Es un Club de Vela. Un Cementerio de anclas, un Golf Resort, un "Tres Palmeiras", un "Pagapouco". Todo ello mirando al mar. Al otro lado, un despliegue de "quintas" maravillosamente urbanizadas. Es sus fiestas, verbenas, Carnaval y el fín de año de fiesta en la calle. ¡Si hasta un fín de año he vivido allí! Me he alojado en dos de sus mejores hoteles y visto anocheceres y amaneceres de todas las estaciones del año. 

Por encima de todo eso, Tavira es una ciudadanía educada y amable; sencilla y hospitalaria, que me inspira un gran respeto. Es de clima suave y de ambiente acogedor. 

Amo el tiempo invertido allí, aún con sus kilómetros de distancia. Bendita aquella ciudad en la que, sin la menor duda, tengo, feliz y relajada, toda una vida.

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