viernes, 31 de mayo de 2013

Córdoba: El Arcángel Custodio, la Vía Augusta Romana, El Califato, la Judería, la Feria del Corpus y el Corte Inglés.

Y no necesariamente por ese orden. Siempre he sido de la idea de que Córdoba es como Sevilla, pero que ha sabido salvaguardar la solera que ésta última tenía antes del 92. Desde entonces ambas han evolucionado en distinta dirección.

Aunque parezca mentira por el concepto que hoy se "arrastra", Córdoba fue un día romana. Un día fue Corduba. La cuna de Séneca. La mismísima Vía Augusta pasó por lo que hoy me parece ser su arteria principal. Un par de grandes y ajardinadas avenidas donde te vas encontrando restos romanos por todas partes.



He accedido al otro lado del río (el entonces Río Betis) desde el puente de San Rafael.  No desde el puente romano, ese que tiene una imagen del Arcángel a medio camino, no, sino el que lleva el nombre del Arcángel, cuya imagen te encuentras en alto una vez lo cruzas... Aunque hay un tercero, que por el lado de allá da a la Torre de la Calahorra y por acá a otra imagen del Arcángel custodio. Será por arcángeles... Trabajé hace poco en una empresa cordobesa de la que, todos los que venían de allí se llamaban Rafael: Rafael, Rafaelín, Rafa, Rafaelito: 

- Hola, yo soy Lochy ¿tú cómo te llamas? 
- Rafael.
- Claro, yo es que pregunto tonterías... ¿y tú, cómo te llamas?
- Yo Joaquín.
- ¿Y vienes de Córdoba? ¿y no te llamas Rafael?
-  Sí, pero de segundo. Joaquín Rafael.
- ¡Uy! ¡casi me sorprendes! 

He penetrado a intramuros, cómo no, por la puerta de Sevilla y, también como no, he ido a buscar patios (como en Mayo no puede ser de otro modo). La primera típica y agradable visión es la de la calle Postrera, antigua de Cabeceros, que lucía así, florida y bien encalada.

La calle Postrera, desde la puerta de Sevilla

Pero cual no ha sido mi sorpresa cuando he visto que los patios, éste año, son de pago; salvo, claro, alguno que no habrá entrado al juego y ha abierto la puerta de su casa de la calle San Basilio. Lo que éste patio tenía de original era su decoración en mármol y sus paredes perfectamente enfoscadas. Parecía no ser antiguo. No solo lucía repintadas macetas de geranios y/o claveles, sino montones de especies de plantas ¡y todas floridas! En un rinconcillo, en un gran macetón, un limonero jovencísimo. Y preciosas cerámicas intercaladas entre las macetas. 

Pequeña muestra de las paredes del patio de la casa de San Basilio, 15.

Al fondo del patio, una estancia sombría, que en verano debe ser una delicia, muy bien habilitada para estar, y decorada con carteles taurinos por toda la pared.

Estancia al fondo del patio de la casa de San Basilio, 15.

También estaba (y lo está durante todo el año) abierto al público gratuitamente el patio de la casa del número 50 de San Basilio, que no solo ofrece el espectáculo de su patio lleno de macetas azules floridas de colores hasta la azotea, sino de sus tiendas/taller artesanales. El cartel de la puerta reza así:

"directorio" de tiendas/taller de San Basilio, 50.

En "Libros de Andalucía" me ofrecieron (y acepté, claro) un pequeño librito titulado "los diez platos de los patios de Córdoba", con sus respectivas recetas: El salmorejo, el flamenquín, y su tópico etcétera.

Y otra fachada de la calle San Basilio:

Típica fachada de la calle San Basilio.

Y vuelta va y paseo viene, por los recovecos de la judería, volví a encontrarme con el sorprendente Zoco Municipal, también patio de artesanos, donde también para mi sorpresa, me encontré cerrada la bodega. Era una bodega, literalmente, situada en el subsuelo del edificio.Tenía el aspecto de una cueva y se bebía y se tapeaba en un lugar con mucho encanto. 

Zoco Municipal de Córdoba

Pero no faltaban los talleres de marroquinería y platería en filigrana. Eso sí que son peinetas, y no las tonterías que me agarro yo en los rizos. 

Escaparate del Zoco Municipal de Córdoba

Y seguí paseando y sorprendiéndome: Agradablemente por cosas nuevas descubiertas (como siempre) y menos agradablemente por donde comí, donde es costumbre que coma cuando visito Córdoba, y que ha cambiado de manos. ¡Me dieron ganas de calzarme chaquetilla de Agatha, meterme en la cocina y  explicar allí una par de cosas de las que no se deben hacer con un flamenquín, por ejemplo!. 

Pero eso, lo del Templo Romano, lo del Ayuntamiento, lo de la feria del Corpus, lo de la Plaza de Capuchinos con su Cristo de los Faroles y El Corte Inglés, es otra historia.

En un paseo por Córdoba, sobre todo intramuros, lo difícil es no enamorarse de la ciudad.



2 comentarios:

  1. Qué bonito, Lochy, disfrutarías no?. Preciosos balcones floridos, bonitas peinetas.......bonito viaje.

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  2. Siempre, Carmelita. Voy a menudo y siempre disfruto mucho.

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