lunes, 11 de marzo de 2013

Cocinoparatí: El libro de Lochy.


Cuarenta y seis años cumplidos y ansiosa por vivir el número cuarenta y siete, que empieza barruntando la primavera sevillana, cuando empiezan a florecer los naranjos al mínimo rayito de sol. Ya los días tienen más de doce horas de luz. 

Soy muy consciente de que soy difícil, que éstos son asuntos que prefiero pasar por alto, pero ella, al menos ésta vez, queda por encima y me ha impresionado de verdad. No soy capaz de hacer que me comprenda en las cosas más básicas y cotidianas; sí, sin embargo, en aquello que, precisamente, debiera ser lo básico y cotidiano, pero no lo es: Las cosas que son imprevisibles en mí. Aquello que no consigo hacer entender a los demás sin que me tomen por chiflada.

¿No es normal que a las madres se les regale un perfume, una joya, abalorio, complemento...? Pero es que hace tiempo ya que he renunciado a la adquisición de objetos que solo tienen valor económico, o ni siquiera eso...

Y ¿libros? sí, sí. En éste momento tengo cuatro entre manos: Sobre La Torá Hebrea, sobre el prodigio de los números, sobre los aborígenes australianos (los Auténticos) y mis textos variados de Reiki son lo que ocupa ahora algunos de mis ratos. Entre los cuatro, un cuadernillo de sudokus sencillos, de nivel tres, cuya función es comparable al jengibre encurtido en el plato de sushi variado. O como diría mi madre: "Entre col y col, una lechuga".

En fín. Éste que he recibido no va a ser un libro cualquiera. No es otro que mi cabecita hueca olvidará una vez leído en la enorme estantería de mi salón, que lleva tres generaciones acumulando libros, revistas y tochos variados. Éste es muy probable que permanezca toda su existencia sobre mi escritorio. Éste no tiene nada que leer. ¡Está en blanco!





Ha sido totalmente hecho a mano. Tiene casi mil páginas: "Es muy tú, mamá", ha sido su criterio. Forrado de algodón de cuadritos de vichy. Encuadernado  a mano. Cerrado con una correa blanca con perlas incrustadas y una hebilla de circonitas.




Estoy segura de que se comprende que lo que me impresiona no es el objeto en sí (que también), sino la intencionalidad que lleva. Ha llegado el momento de ponerse a la faena. Prometo dejar intactos los borrones, la mala caligrafía y no quitar las hojas que al cabo del tiempo no me definan. Eso lo hará perfecto. Y hablo de esa perfección consistente en lo pleno, no en lo impecable.





Así que voy a desempolvar mi pluma, y a ponerle una buena carga.

 ¡Gracias, Chispilla!


4 comentarios:

  1. k bonito!.......seguro k serán dignas de leer las cosas k escribas. Un besote.

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  2. ¿Hoy es tu cumpleaños? Buen día, Lochy. ¿Qué escribirás? ¿recetas, pensamientos, secretos?

    Manuel Bustabad

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  3. Que va, Manuel. ya pasó hace días. Si me permites, me tomo el "buen día" igual. jijijiji. No sé qué voy a escribir. Ni siquiera sé si mi vieja pluma me responderá. Se hacen a la caligrafía de la mano y hace mil o mil quinientos años que no escribe nada.l

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