miércoles, 14 de noviembre de 2012

El último destino de Rutagastro: Restaurante Albarama

          Hace años que frecuento poco el centro. Lo justo para entrar, hacer repartos o entregas y salir. Y quién me iba a decir que en ese centro del que todos se quejan de que se está vaciando de público, y para más señas en plena Plaza de San Francisco encontraría, paseando, elegantísimos locales comerciales y de restauración, de los que más a fondo tocó el viernes conocer el restaurante llamado Albarama.


          El restaurante Albarama es, básicamente, un largo pasillo que han decorado (y aprovechado con gran maestría) sobria y elegantemente, y que termina en un patio convertido en un bonito y acogedor comedor cubierto con un imponente tragaluz como techo; llama la atención la calidez del ambiente, aún con sus colores predominantemente oscuros.




          No hay nada allí que no sea un detalle digno de mención: Desde lo curioso de su forma hasta el doblaje de las servilletas pasando, por supuesto, por los platos que ofrecen, no solo de una calidad excelente, sino de una presentación de lujo.






          Atrevidas en innovadoras las mantelerias desechables de mantel en blanco roto y servilletas negras, de una celulosa de tal calidad que, tanto a la vista como casi al tacto, parecían de algodón. Vajilla, cubiertos y cristalería sobria y sencilla. No era necesaria ninguna floritura en el menaje, para unas elaboraciones que de por sí portaban todo el arte.


          Nuestro anfitrión, Luis, nos condujo a una mesa en el "patio-comedor", dispuesta para 8 personas. Había elegido para ofrecernos tres tapas, que vinieron en perfecto orden y maridadas perfectamente con sus vinos correspondientes, cada uno de los cuales, Luis nos mostraba y nos explicaba de modo tal que hasta yo, abstemia recalcitrante por principios, los probé casi todos ¡Y me gustó incluso el que no probé, pero me llegaba el aroma de las copas de mis acompañantes!








          Y las tapas fueron, en primer lugar,  erizo de mar con huevo de codorniz. Tal cual. Llevaba una cama de canónigo y una oportuna decoración de reducción de vinagre. Me preocupaba, cuando lo ví, cómo iba a comer un plato de cuchara con algo de tenedor encima, así que partí el huevo con cuchillo y tenedor y lo mezclé con el relleno del erizo para tomarlo con cuchara. ¡Qué rico!



          Luego unos chipirones como encebollados sobre cama de roto de patata y zanahoria. Detalle a detalle, el chipirón en su punto. Los brotes y vegetales fresquísimos. El buen hacer de los chefs convertían la simple patata en una exquisitez. Dos aceites coloreados que aportaban color sin dar más mezclas de sabores; y un sorprendente crujiente de su tinta con sésamo coronándolo todo.

 

          Luego, solomillo con salsa de shiitake. Tal cual. Venía enriquecido por el crujiente con semillas de amapola y un pétalo de rosa. También perfectamente cocinado y decorado.


         Y qué decir de los postres... Nos presentaron cuatro variedades diferentes inspiradas en diferentes lugares del mundo: Arroz con leche, cheesecake, mousse de plátano/chocolate y chantilly con nueces caramelizadas. Cada uno de ellos se salía de lo común en su elaboración y presentación. Venían presentados en dos pizarras con los filos decorados de oro y perlas de gelatina turquesa.



          En una pizarra venía el de plátano, con fondo de de mousse de chocolate cuerpo de mousse de plátano y cobertura de trufa y polvo de cacao, coronado con un alquejenje bañado en cobertura endurecida.

          Y el otro llevaba fondo de caramelo líquido, cuerpo de chantilly con sus motitas de vainilla y, como cobertura, unas nueces caramelizadas. Lo coronaba una frambuesa fresca.


        En la otra pizarra venía el sorprendente arroz con leche, que consistía en un fondo de leche merengada semimontada, con arroz salvaje inflado. Lo coronaba un crujiente a la canela y una rodaja de limón cristalizado.

          Y la cheesecake, tal como la concebimos, pero destacando los arándanos naturales que la coronaban, así como el detalle de la rejilla de mermelada. Por supuesto, riquísima.


          Garantizado que no se paró de twittear ni un solo segundo. Creo que yo fui la única que lo dejó todo para las tradicionales teclas de ordenador. De izquierda a derecha, Delicietas, Flamencakitchen, Luis , nuestro anfitrión, y Comiendoporsvq.


          Aquí, la mano del artista, desasnaba a las que somos profanas en asuntos del vino, en materia de decantación (le pedí autógrafo y me traje el mantel, claro. Cuando Manosalbas sea famoso, eso va a valer una pasta, jijiji)...



           Y los chefs, que también tuvieron la gentileza de salir a que les conociéramos, en pleno servicio y con el restaurante lleno, y  a quienes mostramos nuestro agradecimiento con un estruendoso aplauso. xddd.



¡Qué felices nos hicieron. Gracias!





2 comentarios:

  1. BUENO, YO NO SE K LECHES HACEN LOS DE MICHELIN K NO TE CONTRATAN PARA DAR LAS ESTRELLAS A LOS RESTAURANTES. MAGISTRAL NIÑA.......ESTUPENDO, GENIAL....ERES UNA CRITICA FABULOSA. NO TENGO PALABRAS......UN BESOTE, LOCHY QUERIDA.

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  2. Un millón de gracias, Carmelita... no creas que me interesan a mí los michelines esos. Tengo premios más importantes. xd. Muchos besos.

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